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    El desarrollo económico de México entre el optimismo y el realismo

    Froylan Hernández
    Instagram: @froylanangelhernandezochoa
    Twitter: @froylanho

    A inicios del año 2019, se publicó en el portal web del Banco Mundial un texto titulado “Nubes de tormenta en el horizonte de la economía mundial” que auguraba una inminente recesión económica global en el largo plazo por su tendencia en la reducción de la velocidad de su crecimiento observada desde el año 2018.

    Para el caso de México, la segunda transición de gobierno federal en los últimos 100 años le agregaba un ingrediente de incertidumbre más, aunque bastante normal aun entre cambios de administración del mismo partido a nivel nacional, y el freno a fondo que, en comparación con el último trimestre de cada año, se vive.

    Dicho escenario ejemplificaba la tormenta perfecta para el desarrollo económico del país, entre cambios de timón de la política económica que imperaba desde hacía más de 34 años y que había dejado rezagado al país con un crecimiento promedio del 2% anual.

    Contra todo pronóstico, el mercado amortiguó ese primer año de incertidumbre (el 2019) con apenas una disminución del 0.1%, es decir, prácticamente la economía se quedó estancada respecto al año 2018, pese a que en comparación con los primeros años completos de las administraciones 2006-2012 y 2012-2018, se contó con más de 10 y 5 millones de población ocupada, respectivamente.

    Así pues, el año 2020 apostaba por ser el año de la recuperación económica, no solo en México, sino a nivel mundial, donde las mujeres serían el principal motor que sacaría del estancamiento que se vivía, de hecho, en el primer trimestre de dicho año, el Banco Mundial publicó un texto titulado “Liberar el poder económico de las mujeres”, el cual exponía la contribución a la economía que representaría el hecho de reducir las brechas de género a nivel global.

    Sin embargo, todo ese entusiasmo se vino abajo cuando el 11 de marzo del año 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró la COVID-19 como una pandemia, obligando a detener, de golpe, la movilidad de las personas, y, por ende, todas las transacciones económicas: comercio, producción, todo.

    Lo que se observó en los meses siguientes fue una reivindicación del Estado en su intervención en la economía, pero también en las interacciones sociales, así como el valor de los servicios públicos, principalmente, el de la salud pública. En esta ocasión, el pesimismo era la posición predominante en todos los escenarios económicos en los años futuros.

    Prácticamente el año 2020 fue un año gris, según el portal de estadística alemán, Statista, la economía cayó un 4.2% en comparación con la caída de 1.67% del año 2009, y los reportes de las organizaciones más importantes a nivel mundial no auguraban una recuperación pronta, ni segura durante los próximos años.

    Aun a pesar de que el desarrollo de una vacuna para minimizar los efectos mortales del virus fue anunciada en Diciembre del año 2020, y vigorosamente comenzada a aplicar a partir de los últimos 15 días del año, es realmente en el año 2021 donde se ha comenzado a aplicar con mayor amplitud, con las limitaciones que ésta última afirmación contempla, ya que, los países desarrolladores de las vacunas son quienes están “acaparando” su producción, suministro y aplicación.

    Para el caso de México, se espera que sea a mediados del año 2022 cuando exista una cobertura total de la vacunación en su población, por lo que es de llamar la atención el optimismo con el que se plantea el escenario económico hacia dicho año por parte del gobierno federal.

    Dicho optimismo no solamente está basado en un discurso político que prometió crecer al 4% anual, sino en la obtención de resultados contra corriente, por ejemplo, en los pre criterios generales de política económica (PCGPE) del año 2020, publicados en abril del año 2019, cuando aun no se tenía idea de que una pandemia azotaría al mundo, se planteó que el PIB crecería en su peor escenario en 1.4%, mientras que para los PCGPE del 2021, a sabiendas de la pandemia, el peor escenario se planteo en un crecimiento económico del 1.5%, y ahora para el año 2022 se plantea un aumento de 2.6% en el peor de los escenarios.

    Al final, el futuro del desarrollo económico de México siempre se ha debatido entre el optimismo y el realismo, metas de crecimiento económico no materializadas desde hace décadas en un entorno global complicado podrían ser la explicación, pero naciones con características similares al caso mexicano han logrado crecer substancialmente más.

    En conclusión, el gobierno actual, y los venideros, tendrán que reivindicar el papel del Estado en la economía y en la sociedad, mediante un modelo de economía mixta, orientado hacia una mejor distribución de la riqueza, porque, dicho sea de paso, tal vez el tamaño del pastel no sea el problema, sino más bien, su distribución.

     


    Froylán Ángel Hernández Ochoa es Maestro en Políticas Públicas con especialidad en Finanzas Públicas y Licenciado en Administración Gubernamental y Políticas Públicas Locales por la Universidad de Guadalajara (UdeG).
    Twitter: @froylanho

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