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miércoles, diciembre 1, 2021
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    Economía cultural, la economía invisible

     

    Stephanie Dueñas 
    Twitter: @faduenas
    Instagram: @stephanie_dus


    La economía cultural en una definición propia
    no es más que el crecimiento de una sociedad a través de sus prácticas orientadas a que sus acciones individuales mejoren a lo colectivo,  a través del arte en sus distintas expresiones, que como recompensa del conocimiento humanístico compartido por un ser este  se reproduzca en distintas mentes generando reflexión, sensaciones o bien aprendizaje.

    Es a través del arte que se analiza el entorno y en sus diversas manifestaciones envía mensajes positivos pero también muestra lo negativo y puede ser un medio para señalar los males por ejemplo la corrupción.

    Si bien, la cultura brinda identidad, que con ella nos hace replantear ¿Cuál es la identidad que queremos como país? Forja el carácter y las ideologías con las que congeniamos y con las que lucharemos, nos hace reconocer la diversidad y el respeto por la misma.

    En ese sentido entendemos la cultura como la materia prima de una comunidad más respetuosa por lo diverso, una comunidad que reconoce lo que quiere y lo que no, así como la que construye a través del arte para repartir a lo colectivo una misión, a través del reconocimiento, el pensamiento crítico y/o la sátira.

    El arte es necesario y reconocer su valor apreciativo es importante, si un Estado no fomenta que el arte sea reconocido y bien remunerado, tenemos pocas esperanzas a que como sociedad prosperemos en replantearnos quienes somos como comunidad, como país y como personas, seguiremos sin cuestionarnos nuestra identidad, sin reconocer la diversidad y sin reconstruir misiones que nos lleven a la crítica, y sin crítica no hay buenos gobiernos.

    El arte no es un producto ni un servicio, es la creación estética intencional del humano para expresar ideas, sentimientos o discursos a través de movimientos, sonidos, figuras o composiciones literarias, por eso su importancia en usarse como mecanismo para identificar, prevenir y erradicar el mal de la corrupción.

    En días pasados, la Secretaría de Educación Pública (SEP), a través de la Dirección General de Materiales Educativos de la Subsecretaría de Educación Básica y la Estrategia Nacional de Lectura lanzó una convocatoria para la creación de nuevas ilustraciones en los Libros de Texto Gratuitos (LTG) de Educación Primaria, que generen el acompañamiento gráfico de los aprendizajes y actividades en todos sus contenidos y como requisitos de estos solo se eviten estereotipos, se muestre la equidad de género, promueve la multiculturalidad y la inclusión en todos los aspectos, así como el respeto a los derechos humanos y ayuden a promover la sana alimentación y un cuerpo saludable. Esto Conforme se muestra en su convocatoria 2021-2022. Dichos libros se entregarán para el inicio del ciclo escolar que está por comenzar. Como recompensa,  que de más está decirlo sería la exhibición de su obra en todos los libros de la SEP, una constancia por materiales visuales con lógico valor curricular así como un ejemplar del libro en el que aparezca su ilustración y su crédito.

    Dicha convocatoria generó bastante crítica pues diversos artistas e ilustradores llamaron a la participación pero de una anti-convocatoria, enviando propuestas no serias, como parte de una manifestación que como argumento sostiene que el arte no solo se reconoce, ni se aplaude, ¡Se paga! Y en el caso del Estado, se fomenta.

    ¿En que trasciende esto a todos aquellos que no nos dedicamos al arte?, ¿Cómo repercute a una sociedad que no se ha mostrado interesada en el arte?, ¿Qué tiene que ver con un gobierno que pregona austeridad?, ¿Está bien ahorrar en arte?, ¿Está bien regalar arte al gobierno?, ¿Cómo puede la cultura librarnos de los males que aquejan a nuestro país?

    Cuando abrimos los ojos y nos encontramos con que nunca se le había dado la suficiente atención a lo que ocurre con los artistas en nuestro país y la falta de apoyo al arte o al desarrollo cultural y decidimos culpar al ejecutivo de lo que una secretaría omite, en este caso, con lo que la Secretaría de Educación decide hacer con respecto del trabajo de ilustradores y artistas.

    Si bien podríamos tomarlo como parte de una coyuntura política presidencial, en que un gobierno que ha predicado el discurso de la austeridad pese que a su vez ha mostrado acciones apegadas al subsidio, y a su vez  ha tenido varios tropiezos con el tema de apoyar la cultura como en 2019 cuando se recortó el presupuesto a la Secretaría de Cultura con un 3.9 por ciento respecto del 2018, o  como lo que señaló The New York Times, que los principales proyectos culturales de este sexenio serán aquellos que son especialmente caros no al público ni a los creadores, sino a López Obrador; la distribución masiva de ejemplares de la Cartilla moral de Alfonso Reyes, la Coordinación Nacional de Memoria Histórica y Cultural (presidida por su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller), la transformación de Los Pinos en un impreciso centro cultural. (Lemus Rafael; Amlo Contra la Cultura; Columna de Opinión The New York Times).

    Es decir Andrés Manuel López Obrador no es el principal enemigo del arte en este país, sino que por el contrario ha encontrado en él grandes escalafones de soporte a su actual gobierno y toma sentido el concepto de  Economía Cultural sin embargo para beneficio institucional, reproduciendo experiencias, sentimientos y hasta ideologías.

    El pago justo por una manifestación o representación artística es tan subjetivo que hace aún más complicada la discusión de cómo apoyar el arte, pero entender que el Estado debe promoverlo es necesario, y no hago referencia única a financiarlo puesto que:

    Smith sostenía que el arte debía dejarse a la iniciativa privada, sin participación del Estado por los argumentos que 1.- El gobierno puede limitar el desarrollo del pensamiento creativo de los individuos a través de la censura 2.- el gobierno no dispone de un mecanismo que haga  coincidir sus decisiones con los deseos de los individuos (Revisión de Literatura Palma M. Luis, Aguado Q. Luis; ¿Debe el Estado Financiar las Artes y la Cultura?; Scielo; p6)

    Bajo este precepto no justifica que el Estado no apoye o incentive el arte para el desarrollo cultural de su gente.  

    Finalmente no queda más que concluir con la reflexión de que fomentar el arte en un país generará desarrollo cultural traducido en economía cultural, que este a su vez aporta a una mejor sociedad, pues el arte en sí, estimula el pensamiento crítico de las personas, regala pluralidad en las ideas y abre panoramas.

    Entonces, ¿Por qué no?, en un Estado que puede financiar grandes campañas que sirven de tributo y enaltecen a la democracia representativa, no puede mejor estimular y financiar campañas de arte, como trabajo de siembra para la crítica y la reflexión que construyan una sociedad más democrática y funcional.

    Pero no caeré en el cliché de culpar al gobierno por la falta de arte o auspicio a él, sino que apelaré a que las personas comprendan su importancia, nos aperturamos al arte y se exija su fomento.

     


    Stephanie Dueñas es Licenciada en Estudios Políticos y Gobierno por la Universidad de Guadalajara (UdeG). Colaboradora en la Contraloría del Estado y docente de nivel medio superior.
    Twitter: @faduenas
    Instagram: @stephanie_dus

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